RE-DESCUBRIR LATINOAMÉRICA EN LA NOVELÍSTICA DEL SIGLO XX

HIJO DE HOMBRE, CONCEPCIÓN DUALISTA DE UN UNIVERSO MÍTICO

 

Maria Teresa Pascual – Univ. de Cordoba

 

I

 

              América Latina se constituye, aún hoy para el mundo, en un continente “lleno de exotismo”. Su historia, sus manifestaciones culturales son, para muchos críticos, un entramado casi incomprensible. Pero, más allá de las diferencias existentes, todos ellos coinciden en que Latinoamérica “es un significante en busca de un significado”.

              Recuperar y re-descubrir nuestro pasado histórico, regresar al pasado fundador es posible a través del Arte, de la literatura, de la novela en particular. Augusto Roa Bastos, el gran escritor paraguayo se constituye en uno de los hijos de esta cultura que “nació del asombro”. Sus obras intentan re-descubrir este continente mestizo, donde la hibridez cultural se manifiesta en cada mito, en cada ritual, en las diversas expresiones lingüísticas empleadas. Hijo de Hombre, obra narrativa seleccionada para esta instancia, nos plantea grandes interrogantes. ¿Qué universo nos representa el autor en esos contextos míticos?. ¿Qué enunciados utiliza para revelar la hibridez cultural a través de las dos lenguas existentes en su país?. ¿Qué prácticas, que rituales conducen a la interpretación del inconsciente colectivo presente, no sólo en Paraguay, sino en “nuestra América”?.

              Re-descubrir Latinoamérica implica.... volver a las raíces. Pero, ¿Cómo retomar las viejas tradiciones? ¿Cómo desarrollar en las nuevas generaciones el reconocimiento y el amor por nuestros orígenes?. La respuesta es breve, pero nada simple: Con el mito.

              Intentaremos dar respuesta algunos de los interrogantes planteados sin pretender por dar concluida esta indagación.

 

II

 

              El mito es “historia” de un acontecimiento primordial “ab initio”, cuya relación equivale a revelar un misterio. El mito permite acercarnos al universo narrativo de la obra de Roa Bastos y nos revela la importancia que cumple la función simbólica en la literatura, como camino de búsqueda de nuestra identidad. En esta instancia, abordaremos las Dicotomías básicas presentes en Hijo de Hombre, que permiten interpretar la concepción dualista del mundo paraguayo. Consideraremos diversos aspectos inherentes a la realidad paraguaya (la perspectiva histórica, el bilingüismo y el mestizaje) con todas sus escisiones. Buscamos, para ello, elementos simbólicos y lingüísticos como instrumentos que otorgan coherencia al mundo representado.

 

Dicotomías básicas

 

              Las dicotomías evidencian un todo orgánico, donde los procesos internos de coherencia y sentido pueden compararse y comprobarse.

              Distintos críticos destacan cuatro fórmulas binarias, aquí profundizadas. Nosotros, en nuestra investigación, incorporamos dos más: realidad-magia; peregrinaje-extravío. Estas dos dicotomías, junto a quietud-movimiento, guaraní-español; agua-sed; autoridad-pueblo, presentan enunciados de referencia escritos en guaraní, que se constituyen en elementos reveladores de la identidad latinoamericana y de la paraguaya, en particular.

 

1. Quietud-movimiento. Distintos lugares aparecen en la obra, pero las acciones se cen­tran en Sapukai y en Itapé. Sapukai significa "grito" o "nombre de una planta” e Itapé, "adoquín", "piedra plana".[1]

El primero de los pueblos, como lo indica su nombre, es la acción constante, el “grito" de alerta, el "grito" de rebelión, pero también el "grito" de dolor:

 

El gigantesco torpedo... estalló en plena estación de Sapukai, produciendo una terrible matanza en la multitud que se había congregado a despedir a los re­volucionarios[2]

 

Sus habitantes son los que dan movimiento a Sapukai. Se caracterizan por ser "seres dinámicos"[3], que no se dejan amedrentar por las dificultades. Es el caso de Casiano y Natí, a quienes vemos luchar contra el mundo y la naturaleza que le resultan adversos.

Los sapuqueños han sufrido en carne propia los estragos de la guerra con la explosión del tren de los insurrectos:

 

De pronto, sobre el tumulto de las voces, se oyó el retumbar del monstruo que se acercaba jadeando veloz­mente encrespado de chispas. (pág. 132)

 

            Ese dinamismo de Sapukai estuvo signado desde su fundación, año 1910, fecha en que apareció el cometa Halley. Esto fue interpretado por los pobladores como un signo trágico, que los haría estar siempre alertas, en acción: "...Sapukai cuyo nacimiento había alumbrado el fuego aciago del cometa y que ahora se disponía a recibir su bautismo de sangre y fuego". (pág. 130)

Itapé, por su parte, es también fiel a su significado: "adoquín", "piedra plana". Pueblo inerte, con una carga polivalente de quietud, de perennidad, de una particular búsqueda de trascendencia, que está sujeto año tras año a cumplir con el mismo ritual del Cristo del Cerrito. A eso sólo se limita, como si estuviera detenido en el tiempo:

 

El Cristo estaba siempre en la cumbre del Cerrito... Pero la gente de aquel tiempo seguía yendo año tras ­año a desclavar el Cristo y pasearlo por el pueblo... (págs. 11-12)

 

El Cristo leproso-leproso como su tallador- procede de Itapé, paralelo dramático en ese pueblo "continuamente burlado, escarnecido y muerto, desde que el mundo es mundo"[4]

Sus pobladores parecen sumergidos en un tiempo remoto como si su entusiasmo los obligara a mirar siempre hacia el pasado. Personajes como Macario, Gaspar y el mismo Miguel Vera se refugian en la evocación de hechos pretéritos, tratando de interpretar (o evadir) el presen­te. Así Miguel se caracteriza por ser estático y: "Un introvertido... yo creo que era más bien un ser exaltado, lleno de lucidez, pero incapaz en absoluto para la acción... Era capaz de perderse en un camino... ". (pág. 284)

Estos dos pueblos se vinculan con la doble perspectiva del narrador y son dos focos narrativos de 1a acción que suelen confluir, aunque se opongan. Podemos señalar como caracteres comunes que están:

           - situados en el sudeste del país.

           - reflejan la situación del pueblo paraguayo, en general.

Los caracteres antagónicos más evidentes se centran en el destino opuesto de las dos razas que lo conforman: la española y la indígena.

Itapé representa el progreso occidental. Ahí se construyeron una estación de ferrocarril y una fábrica de azúcar. La religión católica presente proviene desde el mismo origen de su fundación (tiempos de la colonia). Por eso se explica la importancia que desempeña lo religioso en ese pueblo. Así en el cap. 1: "A más de tres siglos de su fundación por mandato de un lejano virrey de Lima... De aquel pueblo primitivo sólo quedaban unas casas de piedra y adobe alrededor de la iglesia..."

Sapukai tuvo su origen en los campesinos guaraníes. Uno de sus fundadores fue el abuelo de Cristóbal Jara. Posee un cementerio y cerca de éste se halla el cerro Paraguarí, donde "el indio Zumé dejó sus huellas". Observamos así una integración con el pasado precolombino.

 

Tres siglos atrás los jesuitas ....la leyenda de la aparición de Santo Tomé, superponiéndola... al mito Zumé de los indios, que también había aparecido allí... (pág. 52)

 

 

Sapukai es el lugar natal de Kiritó. Este pueblo sufriente se muestra simbolizando por losleprosos: "Sólo ante las inmundas cabañas de los leprosos se detuvieron..." (pág.l43)

Ambos lugares tienen dos símbolos diferenciadores:

Itapé                     cima

Sapukai                 sima

 

La cima de Itapé es el monte del Cristo del Cerrito, cerro que se llama Tupá-Rapé (Camino de Dios, en lengua indígena) desde que se bendijo al Cristo de Gaspar: "-Éste privilegiado cerrito de Itapé -agregó el predicador- se va a llamar desde ahora Tupá-Rapé, porque el camino de Dios pasa por los lugares más humildes y los llena de bendición..".

La sima de Sapukai es el cráter, el gran hoyo provocado por las bombas:[5]

 

Por encima del cráter, que era un osario bajo las vías... Sapukai tratando de dar un salto hacia el progreso... . (pág. 46)

 

La muerte es algo común allí, por eso la gran importancia que adquiere el cementerio y la alta dignidad del cargo de sepulturero, desempeñado ahora por María Regalada:

 

La María Regalada ocupó su lugar, el que dinásticamente le correspondía, por primera vez a una mujer, a lo largo de las generaciones". (pág. 55).

 

 La muerte mítica, altera el sentido del tiempo. Según Gusdorf "el tiempo se identi­fica con el devenir social mismo y funde al pequeño tiempo personal en el Gran Tiempo mítico, fundamento y justificación del fluir de los días".

                Así la "convivencia" con los muertos es algo común para los sapuqueños.

Itapé-Sapukai reflejan la historia de1 Paraguay, de allí que los protagonistas procedan de uno u otro lugar. Por eso: "cuando Itapé y Sapukai se nivelen cuando el Cristo baje del cerro y se llene el agujero de la bomba, tal vez comience el verdadero cambio; mientras tanto, son pueblos... del país de la tierra sin hombres y de los hombres sin tierra".[6]

Itapé y Sapukai, espacios míticos, son "la estilización de lo sagrado, evocación del mundo según las exigencias fundamentales; la primera afirmación de la realidad humana ".

 

2. Autoridad-pueblo. El personaje colectivo de la novela es el pueblo oprimido de Paraguay.

“ Después de los años, en estos momentos en que el país vuelve a estar al borde de la guerra civil entre oprimido y opresores...”. (Carta de Rosa Monzón) (pág. 285)

La clase dominante se presenta, especialmente, por medio del comisario, de los capataces y capangas del yerbal. Roa Bastos profundiza este tópico en Yo el Supremo.

Sin embargo, la esperanza y la hermandad están presentes en el mundo de los enajenados. La fuerza salvadora radica en su posibilidad de comunión con la dimensión mítica. La música y el río, por ejemplo, son elementos mágicos que los fortalecen. Pero el acceso a es­ta dimensión, donde existe la fe, generalmente está cerrado para el opresor: El misterio, que emana esa fuerza mítica y telúrica, nutre y fortalece a los oprimidos.

 

3. Realidad-magia. El universo narrativo que se nos presenta en Hijo de Hombre está imbuido por esta dicotomía.

La música es un vehículo mágico que lleva al entendimiento intuitivo de los más altos valores del espíritu y despierta los nexos de hermandad entre los participantes de un dolor común. La música en la hermenéutica roaniana está íntimamente ligada al orden cósmico y su aparición marca en la obra el. salto a la más auténtica comunicación con lo in­conmensurable de los signos lingüísticos. Las canciones paraguayas, por lo general, se com­ponían y cantaban en guaraní, pero las había también castellanas y bilingües, vale decir, en mezcla armoniosa de ambas lenguas.

Gaspar Mora, el primer "héroe" de la novela, es guitarrista y al tocar su instrumento la realidad cotidiana cobra matices mágicos: "La gente se tumbaba en el pasto para escucharlo. O salía de los ranchos. Hasta el cerrito se escuchaba el sonido. Se escuchaba hasta el río”. (pág. 19)

La magia producida por su música vence las leyes naturales[7].Así después de la muerte Gaspar, la gente sigue oyendo su guitarra en más de una oportunidad:

La aceptación del elemento sobrenatural se efectúa sin desconfianza y la fe popular da cabida y explicación a estos fenómenos.

Frente a este universo lleno de sacralidad aparece una realidad acuciante, y la confrontación de los dos mundos (realidad-magia) se desarrolla sincrónicamente y, en un ámbito especial, común a ambos, la presión del "espacio cerrado” en que se mueven los personajes, el hambre, la sed y la guerra, deben vencerse. Es significativo recordar que en la ideología guaraní, "el hombre y la naturaleza se influyen mutuamente y cuando esa relación se pierde sobrevienen los males". Es por ello que para "resurgir" deben aferrarse a ese mundo mági­co, mítico, donde la música (junto a toda la naturaleza) es la encargada de recobrar el equili­brio perdido:

 

Oirían la música como si en realidad brotara de la tierra salvaje y oscura donde fermentaban las inagotables transformaciones. (pág.25)

 

4. Agua-sed. Un elemento revitalizador de gran influencia en el "personaje-masa" es la naturaleza. El panteísmo del arte roaniano se trasluce en las páginas donde emanan descripciones de ríos, árboles, paisajes. Puede decirse que hay una identificación de los habitantes con el río.

 El calor y la sequía del Chaco en el noroeste (cap. VII y VIII) no se diferencian mucho del calor y de la sequía de los meses secos en los pueblos del sudeste de Sapukai e Itapé (cap. II, V, VI; I y IX respectivamente). El autor funde las dos regiones por medio del clima para reforzar su ideal de un Paraguay homogéneo.

El agua y la sed marcan la delimitación entre la vida y la muerte, tanto física como espiritual. El líquido elemento simboliza la vida, la cual se prolonga mientras ésta aparezca como fuente benéfica. Otras veces tiene una connotación negativa.

En la Guerra del Chaco, muchísimos soldados mueren de sed. Cristóbal Jara entrega su vida para llevar el vital líquido: ...pero el camión siguió avanzando... Al chocar contra un árbol se detuvo.....(pág. 254)

En ltapé,Gaspar muere víctima de la sed; por el contrario, Casiano y Natí reviven después de sumergirse en el río, en su pavorosa huida de Sapukai.

Esta significación e importancia del agua en la obra de Roa Bastos se patentiza en la boca del viejo Macario y adquiere cierto sentido profético:

 

- El hombre, mis hijos, es como un río. Tiene barranca y orilla. Nace y desemboca en otros ríos. Alguna utilidad debe prestar. Mal río es el que muere en un estero...". (pág.l3)

 

5. Peregrinaje-extravío. El hombre, frente a las diferentes circunstancias históricas y frente a sí mismo, está irremediablemente obligado a domar posiciones: en ello radica su ca­pacidad de elección con la cual se compromete. Los personajes de Hijo de Hombre se hallan en una crisis permanente y en su peregrinar a veces llegan al lugar adecuado; otras, se extravían.

La aventura del hombre asume, entonces, asociada a la idea de peregrino, 1a forma de un viaje, ya real, ya simbólico.

 

Desde el punto de vista espiritual, el viaje no es nunca la mera traslación en el espacio, sino la tensión de la búsqueda y de cam­bio que determina el movimiento y la experiencia que se derivan del mismo. El arquetipo del viaje es la peregrinación al centro o tierra santa; la salida del la­berinto".[8]

 

               Así, Augusto Roa Bastos, “enrolado en la perspectiva del realismo, no enten­dido como manifestación parcial de bienes sino como intento de captar la condi­ción humana a través del eje aventura física-aventura interior", presenta a sus per­sonajes en esta encrucijada: todo su universo mágico se enfrenta, o mejor dicho coexiste, con un agobiante mundo real.

Macario, Gaspar, Cristóbal y hasta el mismo Miguel son peregrinos y en su viaje, hay un ansia por cristalizar su destino en un medio que los traba e intenta mutilarlos.

Todos ellos corren el riesgo del extravío. Optan y en el fondo, no saben si han elegido su verdadero destino, si están realizando su esencia.

 

MACARIO: "-Porque el hombre, mis hijos, tiene dos nacimientos. Uno al nacer, otro al morir... Muere pero queda vivo en los otros, si ha sido cabal con el prójimo.

Y si sabe olvidarse en vida de sí mismo...". (pág.37)

GASPAR:  "-¿Sufro? Sí, sufro. Pero no por esto... sufro porque tengo que estar solo, por lo poco que hice cuando podía por mis semejantes". (pág· 24)

CRISTOBAL: "Tengo una misión. Voy a cumplirla". (pág. 247).

 

Sin embargo, Miguel fue "uno" en su egoísmo de "no compromiso". En su peregrinar se produce un extravío definitivo fundado especialmente en sus traiciones y que producen hosti­lidad en quienes los rodean: Al menos, es alguien que me habla. Sé que después lo critican ......(pág. 177)

 

6. Español-guaraní. Paraguay es un país bilingüe y por lo tanto no es sencillo establecer una demarcación entre ambas lenguas. Por eso en la obra, escrita en castellano, el autor inserta topónimos, antropónimos y enunciados en lengua guaraní.

La lengua guaraní es no sólo una de las más antiguas, elegantes y ricas que se conocen, sino que, además era una de las más importantes del Nuevo Mundo, social, histórica y científicamente considerada. Las primeras palabras indígenas que oyeron Cristóbal Colón y sus compañeros al tocar estas tierras, pertenecían a esa lengua.

El guaraní decreció en extensión, pero no decreció en importancia. Casi todos sus habitantes hablan las dos lenguas y es por eso que junto al español o castellano es lengua nacional del Paraguay desde 1967.

Este país tiene dos lenguas nacionales y esto es por demás significativo, ya que, no se da en otro país de Hispanoamérica. Y se puede entender, por qué ambas lenguas están tan ligadas al ser y al destino nacional paraguayo. Resulta difícil concebir y entender una sin la otra. Algunos rasgos del carácter de este pueblo proceden directamente de esta peculiar conformación lingüística. Podemos entonces trazar una división de actitudes provenientes de dos culturas diferentes.

Los epígrafes de la novela considerada plasman a la perfección esta dicotomía. El primero se toma del Libro de Ezequiel del Antiguo Testamento.

 

Hijo del hombre, tú habitas en medio de casa rebelde... (XII,2).

...Come tu pan con temblor y bebe tu agua con estremecimiento y con anhelo...(XII,18).

Y pondré mi rostro contra aquel hombre, y le pondré por señal y por fábula, y yo lo cortaré de entre mi pueblo... (XIV, 8).

Ezequiel

 

Haciendo una relectura de este texto bíblico en forma completa, comprobamos que la elección de Roa Bastos, centrada en el profeta Ezequiel, no es arbitraria. Según Mircea Eliade, este profeta era sacerdote además. Esto explica la importancia que le atribuye a la "pureza ritual", no siempre manifiesta en el texto elegido. Sin embargo, sí aparece en forma explícita la idea de que lo más importante es "la vida interior del individuo y la conducta que observa para con sus semejantes".

            Así Gaspar sufre no por ser leproso, sino porque está solo : "-Sufro porque tengo que estar sólo... " (pág.24)

El discurso de Ezequiel indica el origen del título de la novela, refleja su espíritu rebelde, previene a los males y denuncia a los falsos profetas. Seymour Menton observa la presen­cia de frases dualísticas, "pan-agua", "come-bebe", "entretenimiento-anhelo", "señal-fábula", que según este crítico pueden ser casuales[9],pero que nosotros consideramos que apuntan a esa dualidad inherente al pueblo paraguayo y al hombre universal., en general.

            El segundo epígrafe está constituido por un fragmento del Himno de los muertos de los guaraníes:

 

...He de hacer que la voz vuelva a fluir por los huesos...

y haré que vuelva a encarnarse el habla...

Después que se pierda este tiempo y un nuevo tiempo amanezca...

 

El realismo mágico y la dualidad en Hijo de Hombre se hacen aquí muy evidentes. La antítesis lleva a la síntesis, la cual testimonia la dualidad cultural de un país, con su mestizaje, entendido éste como la apropiación e integración de todos los aportes culturales dados en su acontecer histórico.

América Latina no aprueba la separación entre razón y fe, entre ciencia y mito, y Roa Bastos trata de superar esa disociación. Por eso utiliza los dos epígrafes. El indígena "ofrece esperanza de mejoramiento en una reencarnación futura”[10] y con su tono plácido "refleja la confianza tranquila, pero segura en el futuro de la huma­nidad"[11]. Ambas ideologías se reflejan en las actitudes de los personajes, cuyos rasgos dominantes son el dolor y la angustia, pero con el signo de la templanza, de la esperanza en un mundo mejor.

La concurrencia de las dos lenguas en la novela Hijo de Hombre nos lleva, también, a considerar ciertos enunciados de referencia, los cuales apare­cen en situaciones sumamente significativas.

Trataremos de demostrar cómo se establecen relaciones entre los enunciados en guaraní y su coherencia con e1 texto escrito en español en las secuencias de mayor significatividad:

- Macario se siente muerto, muerto en vida por su lepra. Sufre sólo por su soledad y acepta la muerte con resignación. Su situación de leproso es común a muchos otros lazarientos que aparecen en la obra.

 

-Omanó vaekué ko-ndoyejhe'ai oikovevandie...

-Los muertos no se mezclan con los vivos-contaba Macario.... (I, 6) (pág. 24)

 

Anivé angana , che compañero, ore korazö reikyti asy...

No más, no más compañero, rompas cruelmente nuestro corazón... (IV, 3) (pág. 83)

 

- El canto del mensú, el "único 'juido' del yerbal", se lamenta por el dolor de los hombres castigados por el látigo opresor, quienes sólo descansan el Viernes Santo y añoran "las delicias del imperio jesuítico". Este canto aparece reiteradas veces con la misma connotación.

 

...Oimé aveiko ore-kuera entero ore sy mismí ¡ha ore valle jhovy..."

...También nosotros tenemos nuestras madres y un valle natal...

(IV, 17) (pág.103)

 

- El lema del camioncito de Kiritó – Cristóbal – indica resistencia al dolor, mirada puesta en el futuro, fe en el porvenir.

                    

Yapiä-ke!... Yapiä-paitehé! ...

¡Escapemos... ! ¡Escapemos todos! (VII, 1) (pág. 175)

 

Los enunciados extraídos son denominados "indiciales" por las connotaciones que encierran, ya que configuran la cualidad de los "ambientes" y la "atmósfera" en que se encuentran los personajes.

Los sememas seleccionados -unidades globales significantes- convergen hacia la significación global del texto, en este caso escrito en español y con algunas expresiones guaraníes. En esta novela simbólica, las isotopías arraigan en el plano de los contextos. La hermenéutica de los contextos se ha constituido en un complemento crítico acorde para interpretar esta obra de nuestra literatura continental.

 

III

 

              Las dicotomías expuestas y desarrolladas demuestran que la realidad del ser paraguayo es triste pero esperanzada. El bilingüismo y el mestizaje no son factores de escisión, sino que son expresiones vivas y reflejos de dramas humanos particulares, pero en definitiva universales, vigentes hoy. Los modos de actuar y pensar de los personajes de Hijo de Hombre responden a la situación de Latinoamérica, sellada acaso por la vitalidad y la mestización de sus diversos elementos culturales.

              La concepción dualista del universo mítico trazado por este escritor paraguayo posibilita el desprendimiento y posterior encuentro del hombre latinoamericano con sus raíces.

              La doble filiación de nuestro continente concreta su significación en la simbólica que propician muchos escritores nacidos en estas tierras en el Siglo XX. “Así la cultura vuelve a beber en las raíces míticas” lo que significa llegar a un área cultural universal no excluyentemente latinoamericana. Roa Bastos, a través de sus dicotomías, no produce símbolos sobre una base personal y caprichosa. Enfrenta estructuras universales (en este caso todos los elementos nos remiten al dolor humano) y ello es común a toda hermenéutica simbólica. El respeto por las raíces, la renovación continua de la cultura con la vuelta a las fuentes primordiales, implica superar las murallas del aislamiento, del desarraigo, de la discriminación. El universo narrativo del escritor devela el carácter nacional de su pueblo, equivale a penetrar en la esencia de América Latina y, más aún, de todo ser humano.



[1]JOVER PERALTA, A. y  OSUNA, T. Diccionario Español-guaraní Bs.As. Tupá, 1950 pág. 505

[2]ROA BASTOS, Augusto: Hijo de Hombre, Mexico Seix Barral, 1985 pág. 49.

[3]VILA BARNES, Gladys. Significado y coherencia del universo narrativo de Augusto Roa Bastos Madrid, Orígenes 1984, pág. 90.

[4]VILA BARNES, Gladys. Op.  cit., pág. 90.

[5]NAJIT, Myriam y REIZABAL, María: “Significado de la vida en Hijo de Hombre”. En Cuad. Hisp. Nº350,CXVII, Madrid, 1979, pág. 272.

[6]Citado por NAJT, Myriam y REYZABAL, María. Op.  cit., pág.273

 

[7]VILA BARNES, Gladys.  Op.  cit., pág. 94

[8]CIRLOT, Juan E. Diccionario de símbolos tradicionales. Barcelona, Luis Miracle Editor, 1958, págs. 69-70.

[9]MENTON, Seymour. Realismo mágico y dualidad en Hijo de Hombre, en Cuad. Hisp. Vol. CXVII, 350 Madrid, 1979 pág.69

[10]VILA BARNES, Gladys. Op.  cit.,  pág. 91

[11]MENTON, Seymour. Op. cit., pág. 61.